SANTO DOMINGO.— Los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026 generaron una importante actividad económica durante su celebración, pero esto no significa que la millonaria inversión realizada por el Estado se traduzca en rentabilidad económica para el país, advirtió el economista Alejandro Arredondo.
El especialista explicó que, desde una perspectiva económica y de política pública, es necesario diferenciar entre la actividad económica generada por un evento y la riqueza neta que este crea. De acuerdo con su análisis, el Gobierno reporta una inversión de alrededor de RD$9,000 millones en infraestructura deportiva, mientras otras estimaciones periodísticas sitúan el monto en unos US$160 millones cuando se incluyen las obras e intervenciones asociadas a los Juegos.
Arredondo reconoció que la celebración produjo un impulso temporal de la demanda, beneficiando sectores como hoteles, restaurantes, transporte, comercio, entretenimiento, logística y servicios, además de generar empleos temporales y compras a proveedores locales.
Sin embargo, llamó la atención sobre el costo de oportunidad de los recursos públicos destinados al evento, al señalar que estos recursos pudieron ser utilizados en áreas como hospitales, escuelas, agua potable, transporte público, infraestructura vial, seguridad o reducción del déficit y la deuda.
A su juicio, el principal argumento económico a favor de los Juegos está en el legado que puedan dejar las instalaciones deportivas.
El desafío
El economista sostiene que el reto está en determinar cuánto costará mantener esas infraestructuras durante las próximas décadas y qué ingresos serán capaces de producir. También consideró que el país podría beneficiarse a largo plazo si logra utilizar las instalaciones para atraer nuevos eventos deportivos, congresos, competencias internacionales y turistas.
El economista sostuvo que tampoco debe confundirse el crecimiento registrado en la construcción con un crecimiento económico permanente, debido a que buena parte del impulso desaparece una vez concluidas las obras.
Por ello, concluyó que no sería correcto afirmar que los Juegos no beneficiaron al país, pero tampoco que la actividad económica generada demuestra por sí sola la rentabilidad de la inversión.
“El verdadero beneficio para República Dominicana dependerá de que la infraestructura permanezca productiva, que atraigamos nuevos eventos y turistas, que se genere inversión privada y que los activos construidos produzcan beneficios durante muchos años”, afirmó Arredondo, quien considera que ahora comienza la etapa de medir el verdadero legado económico de Santo Domingo 2026.

